Saludos, viajer@s. Hoy os vengo a contar una experiencia propia. Hace una semana, me propuse un experimento, dormir más de la cuenta. Sí, es cierto, de reto no tiene nada, pero mi vecino había adquirido el don de molestar durante la noche, ese don tan propio de la estirpe de los vecinos y necesitaba descansar. Por ello, apagué la alarma y me despreocupé de levantarme a mi hora para dormir más de 8 horas diarias.
Soy una persona acostumbrada a tener horarios, soy tajante para ello, disciplinado, soy un ronin, un legionario romano, soy un espartano, soy... soy imbécil. La cuestión es que, mi biorritmo, que estaba calibrado para levantarme antes de la salida del sol, después de dos o tres días forzando dormir más de la cuenta, se descontroló y ya no me avisaba para despertarme.
Alguno estará pensando que si dormía más estaría más descansado durante el día. Pues esta ha sido mi sorpresa, todo lo contrario. Si bien cuando me levantaba no tenía sueño inmediatamente, al cabo de las horas empezaba a bostezar como una fiera enfadada.
Al contrario de lo que se podía pensar, estaba más cansado durante el día, más desconcentrado, con menos ánimo, más irritable, con menos energía y, lo peor de todo, con dificultad para conciliar el sueño por la noche ¿cómo puede ser esto si siempre he odiado madrugar?
Muy sencillo, cuando dormimos, una de las fases del sueño se considera sueño profundo, que es aquel en la que los procesos de reparación del cuerpo se ponen en marcha y el cuerpo descansa de verdad. El resto de horas que estamos en la cama se considera sueño ligero, mucho menos efectiva. Cuando dormimos más de 8 horas la fase de sueño profundo se difumina y casi todo el sueño pasa a ser ligero.
Según todos los estudios que he consultado sobre el tema, el empeorar la calidad del sueño puede provocar enfermedades cardiovasculares, diabetes, alteraciones metabólicas, riesgo de padecer diabetes, riesgo de mortalidad prematura y nuestra mente se ve afectada. Lógicamente, durante mi experimento no enfermé, pero sí que me afectó mentalmente. Esto es así porque el cerebro parece no reponerse plenamente y envejece a mayor velocidad.
Falta de concentración, depresión y desequilibrio son síntomas contrastados en las personas que duermen mucho. Por ello, si estás triste, si estás deprimido, aunque te tiente, no te quedes en la cama, levántate. Si eres de los que das muchas vueltas en la cama, puede ser que tu sueño sea más ligero de lo debido, revisa cuántas horas duermes.
Dormir mucho y dormir poco tiene efectos catastróficos sobre el cuerpo. Duerme entre 7 y 8 horas, ajusta tu biorritmo y disfrutarás de una mejor salud.
¡Hasta la próxima!
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